Esta iglesia se levanta sobre una antigua iglesia mudéjar construida a mediados del siglo XIV. De ésta se conserva solo la torre noroeste de base cuadrada, realizada en ladrillo y mampostería, a la que se añadió en 1660 el chapitel de pizarra, obra de Juan Gómez, Manuel Sánchez y Juan Valtierra, maestros de carpintería residentes en Madrid. Sigue el estilo clásico de los chapiteles difundidos en el Madrid de los Austrias, y se levanta sobre un cuerpo de campanas poco antes reconstruido respetando el original mudéjar. Las primeras campanas se encargaron en 1566 al campanero toledano Juan del Cerro.

El aumento de la población de Getafe en los siglos XV y XVI hizo que la antigua iglesia se quedara pequeña, siendo derribada en 1549 para construir otra mayor sobre el mismo solar.

Alonso de Covarrubias, a instancias del cardenal de Toledo Juan Martínez Silíceo, proporcionó las trazas para el nuevo templo, por las que cobró 16 ducados de oro. Ese mismo año, en la subasta pública celebrada el 5 de febrero de 1549, la construcción de la iglesia fue adjudicada al maestro de obras Juan Francés, tras ser aceptada su oferta de 2.800 ducados de oro. Sin embargo, dos años después, sin haber pasado de los cimientos, Juan Francés ya no tenía a cargo la obra, quizá por haber fallecido en ese tiempo. Las obras proseguirán lentamente, cambiando con frecuencia los maestros encargados de ellas, hasta que en 1587 asuma la dirección el aparejador Juan Nantes. En 1590 se daba por terminada, a falta sólo de las bóvedas. Éstas se pusieron entre 1614 y 1618, pero sólo dos años después amenzaban ruina. Se pidió, entonces, un informe a Juan Gómez de Mora, arquitecto Mayor de Felipe IV, quien aconsejó derribar todo excepto la cabecera, el crucero y las torres, en vista del mal estado de las paredes, debido a la deficiente unión de las nuevas bóvedas con la vieja fábrica.

En 1622 el mismo Gómez de Mora dio las condiciones para la reconstrucción de lo que se había derribado, adjudicándose las obras a Bartolomé de Barreda, quien se comprometía a finalizarlas en un plazo de nueve años. En diciembre de 1632, aún sin concluir, se produjo un desplome parcial, ocasionando varias muertes, por lo que Barreda estuvo en prisión por un breve periodo de tiempo, siendo condenado por el Consejo Real, junto con Francisco del Río, a quien había cedido parte de las obras, a terminarlas a su costa y en toda perfección en un plazo de dos años. En 1636 se completó la cubrición de la nave y en mayo de 1639 hubo fiestas para celebrar la terminación, procediéndose al traslado del Santísimo desde la iglesia de San Eugenio. Faltaban aún, sin embargo, las torres y la portada, adjudicadas a Juan Ruiz en 1648, aunque las obras no se iniciarán hasta 1652. El mismo Juan Ruiz presentó en 1667 las trazas para la nueva sacristía, adjudicada a Francisco Moreno, maestro de obras de Getafe. Finalmente, en 1770, año que está escrito sobe la entrada principal, se realizó la nueva portada, dándose por concluidas las obras, aunque todavía en 1775 fue preciso intervenir en el coro.

En 1958 fue declarada Monumento Histórico Artístico, y al constituirse la Diócesis de Getafe en 1991 fue erigida catedral. En 2001 se inició una restauración íntegra y urgente de todo el templo debido al mal estado de conservación en que se encontraba, sbore todo la estructura. El 23 de enero de 2007 la restauración, llevada a cabo por el arquitecto José Ramón Duralde, finalizó y actualmente está abierta al público.

Primer Obispo

Francisco Jose Perez y Fernandez-Golfin

Primer Obispo de Getafe

Nació en Madrid el 12 de febrero de 1931. Fue el cuarto de cinco hermanos, hijo de Julio y Maria Luisa. Vivió la guerra civil española siendo muy niño en Madrid y Barcelona, escapando providencialmente de la muerte en varias ocasiones. Durante su juventud perteneció a la Acción Católica. Después de cursar el Bachillerato Superior, ingresó en el Seminario de Madrid. Fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1956, a los veinticinco años, en la entonces catedral de San Isidro. Su primera misión pastoral fue la de párroco de Alpedrete (Madrid), y encargado de Los Negrales, de 1956 a 1962. Don Leopoldo Eijo y Garay, entonces el Patriarca Obispo de Madrid, le nombró director espiritual del Seminario en 1962, cargo que desempeño hasta 1973. D. Francisco se distinguió por su sabiduría y sensibilidad para guiar a las jóvenes vocaciones sacerdotales, siendo recordado por todos como un director espiritual comprensivo y exigente a la vez.

En 1973 solicitó un traslado para atender mejor a sus padres, ya ancianos, y el Cardenal Arzobispo Vicente Enrique y Tarancón, le nombró párroco de San Jorge, parroquia de nueva creación pero aún sin templo ni funcionamiento. Durante estos años, desarrolló una fecunda labor apostólica con matrimonios, niños, jóvenes, promocionando las vocaciones consagradas y la caridad con los pobres.

En el año 1985 fue designado por Juan Pablo II, Obispo auxiliar de Madrid. Su lema sacerdotal fue también el episcopal: “Muy gustosamente me gastaré y me dejaré desgastar por vuestras almas”. Junto a otras muchas responsabilidades, se ocupó especialmente del cuidado de los sacerdotes.

Finalmente, el Papa Juan Pablo II le designó como Primer Obispo de Getafe, el 23 de julio de 1991, cargo que desempeño hasta su fallecimiento. D. Francisco puso en marcha la nueva diócesis y sus instituciones. Entre sus muchísimas obras, creó nuevas parroquias, consolidó asociaciones de fieles, creó el Seminario con abundantes vocaciones, instituyó diversos cauces de formación para los laicos como el Centro Diocesano de Teología.

Nos dejó un 24 de febrero de 2004, víspera del Miércoles de Ceniza, pero Don Francisco no ha dejado de trabajar. Sigue presente entre nosotros. Su vida ejemplar ha quedado grabada en muchos corazones. De nuestra joven Diócesis, siguen llegando al Cielo muchos agradecimientos y alabanzas por el valioso testimonio de su primer Pastor.

A la Delegación para las Causas de los Santos de la Diócesis de Getafe, han llegado ya cartas pidiendo la apertura del proceso de beatificación de D. Francisco. Se han difundido estampas para la oración privada y se ha publicado una pequeña obra que recoge sus pensamientos espirituales.

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